Nuestra fundadora

María de las Mercedes de la Santísima Trinidad Méndez Pérez Gil.

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«Antes de que naciera Dios ya la había elegido».
Nuestra Madre fundadora, un alma enamorada de Jesús Eucaristía.
Ella fue de una gran rectitud, alama inocente y muy amante de la cruz, fue un instrumento del señor y a nosotros enseño una vida de adoración.
Con que amor tan grande amó a Jesús Sacramentado irradiando esa vivencia por medio de Maria, en sacrificio y adoración… nos dejo muestra de un gran amor y de abandono a los planes del Señor.
Su renuncia y sencillez, su obediencia y a la vez, su alegría y grande fe, siempre dispuesta a prodigar, acogida y caridad, fue un alama de oración.

 


Pensamientos de la Madre Fundadora
 

  • «No basta querer lo que Dios quiere, sino que es necesario quererlo de la manera madre-fundadora2que Él lo quiere».
  • «El corazón mejor cuidado es el que en sólo Dios confía».
  • «El que anda sencillamente anda confiadamente».
  • «La verdad que no es caritativa, procede de una caridad que no es verdadera».
  • «No hay victoria sin combate; ni verdadero amor sin sacrificio».
  • «El camino más seguro para la perfección es amar a Dios, amar al prójimo, despreciarse a sí mismo, no despreciar a nadie».
  • «No siempre se ha de decir lo que se piensa; pero siempre se ha de pensar lo que se dice».
  • «Si cuidamos de nuestra lengua, cuidaremos de nuestra alma y no tendremos de que arrepentirnos».
  • «Estas cosas hemos de practicar: humildad de corazón, oración y abandono a la voluntad de Dios».
  • «Dios nuestro Señor no se fija tanto en lo que hacemos, sino en la rectitud de intención con que lo hacemos».
  • «La alegría es como el fruto de la sencillez y la rectitud».
  • «El corazón sencillo es libre, porque no se busca así mismo, se da sin exigir correspondencia, ama sin reflexionar en los sacrificios que se imponen, no busca a las criaturas, por que no son ellas su centro, busca en todo a Dios, su amor, su unión»
  • «La alegría no solamente redunda en la honra de Dios, sino en provecho del prójimo; persuade a los demás que el servicio de Dios está lleno de dulzura y suavidad».